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Niños

Trastornos del sueño en la infancia

Distintas situaciones patológicas se agrupan como trastornos del sueño. Se trata de alteraciones que en la infancia son benignas, con una incidencia mayor entre los 3 y 6 años.

El sueño es un mecanismo fisiológico con variaciones individuales, muchas veces vinculadas a los hábitos propios de cada niño, que siendo igualmente normales, hacen que unos duermen más que otros, y unos duerman más tranquilos, y otros más inquietos.

 

Sin embargo, más allá de estas variaciones, existen distintas situaciones patológicas que se agrupan como trastornos del sueño. Se trata de alteraciones que en la infancia son benignas, con una incidencia mayor entre los 3 y 6 años.

 

El sonambulismo es uno de los trastornos más conocidos, pero no es el único ni el más frecuente, y es importante distinguirlo del resto porque se maneja de modo diferente.

El  sueño normal en el niño

El niño duerme por períodos más prolongados cuanto menor es su edad. En los primeros meses de la vida el niño duerme luego de haber satisfecho su necesidad de alimentarse, y su despertar siempre se relaciona con la sensación de hambre. Poco a poco cambia ese ritmo, despertándose de modo ivo que se adapta al ciclo diurno.

 

Entre los tres meses, y los dos años, el sueño suele ser profundo, y tiende a disminuir el adormecimiento entre las comidas. Entre los 6 y los 18 meses comienzan a dormir toda la noche.

 

Entre los 16 y 25 meses pueden aparecer perturbaciones pasajeras, como la dificultad para ir a dormir. También puede despertar agitado, gritando y llorando. Sigue siendo eficaz el recurso clásico de contar un cuento, o cantar una canción de cuna, para ayudarle a conciliar el sueño.

 

En niños menores de un año, el promedio de horas diurnas y nocturnas de sueño, suele ser de  14 horas. Entre los 2 y 5 años, 12 horas; entre los 6 y 10 años, 11 horas; y 9 horas, luego de los 6 años.

Distintas alteraciones

La dificultad crónica para dormir se denomina insomnio. Consiste en una disminución crónica y significativa del promedio de horas de sueño correspondientes a la edad. Se acompaña frecuentemente de inquietud, irritabilidad, y malestar durante el día. Es poco frecuente en los niños.

 

Las parasomnias son trastornos que pueden o no interrumpir el sueño. Su elemento característico es la presencia de conductas motoras que asemejan una mezcla de sueño y vigilia. Dentro de ellas se distinguen 4 formas: sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas, bruxismo y somniloquía.

 

El sonambulismo consiste en una secuencia de movimientos complejos durante el sueño, generalmente en el primer tercio de la noche. Son conductas repetidas, aprendidas durante la vigilia. El niño se levanta de la cama, y aunque profundamente dormido, mantiene los ojos semiabiertos. Suele ir al baño, puede orinar, y luego vuelve a la cama. Si se le hacen preguntas, puede responder con monosílabos, o no comprender el significado de las palabras. Resulta difícil despertarlo, pero si despierta lo hace con sensación de gran extrañeza e inseguridad, no comprendiendo porqué se le despertó.

 

La causa del sonambulismo se desconoce. Es más frecuente en familias con antecedentes de la alteración. Suele desaparecer en la adolescencia, alrededor de los 15 años. Sólo el 0.5% de los adultos lo padece.

 

Se observó que la prevalencia, tanto del sonambulismo como de los terrores nocturnos aumenta en niños de 5 años, al suspenderse prematuramente la siesta. Es probable que ello se vincule a que ambos trastornos están ligados al sueño profundo, que se alcanza más temprano en las noches, al suspender la siesta. No existen síntomas clínicos de psicopatía, sino sólo de ansiedad.

 

No es necesario realizar estudios de sueño nocturno en los sonámbulos a menos que se sospeche una crisis epiléptica. Lo que si se debe es adoptar medidas de seguridad para evitar accidentes. No es necesario despertar al niño, sino llevarlo nuevamente a la cama, dándole órdenes sencillas con frases simples.

 

Los terrores nocturnos aparecen a los 2 o 3 años y desaparecen en la adolescencia. Aparecen en la primera mitad de la noche, también durante el sueño profundo. Se caracterizan por un llanto brusco, intenso e inesperado, acompañado por una expresión de miedo en la cara.

 

El niño padece sudoración, taquicardia y palidez. Se sienta en la cama con los ojos abiertos y la mirada fija. Se queja pero no es consiente de lo que lo rodea, manteniéndose profundamente dormido. Al despertarle, el niño también queda sorprendido y desorientado, no entendiendo qué le ocurre. En la mañana no recuerda el episodio.

 

Normalmente, el episodio causa angustia en los padres, pero se requiere de ellos una actitud serena, limitada a evitar que el niño se golpee o caiga de la cama. No se debe hablarle ni despertarle. El episodio cede a los 4 o 5 minutos, y el niño vuelve a dormirse. En niños predispuestos el trastorno se precipita por supresión de la siesta, fatiga y tensión emocional.

 

Las pesadillas se ven más por encima de los 5 años, desapareciendo con la adolescencia. Son fenómenos parecidos a los terrores nocturnos, pero se diferencian de ellos por aparecer en la segunda mitad de la noche (en la fase REM del sueño), y el niño puede explicar lo que ha soñado y lo que le ha despertado. También puede despertar algo confundido y llorando, pero reconoce a las personas que lo rodean, y se calma al sentirse acompañado. Relata los hechos que le provocaron miedo.

 

Los episodios suelen durar semanas y se relacionan un acontecimiento externo que le produjo temor. Al disminuir la ansiedad diurna disminuyen  también la intensidad y frecuencia de los episodios. Los padres deben intentar calmarle cuando el niño está despierto y consciente, tratando de no dar importancia a lo que soñó.

 

El bruxismo es el entrechocar de los dientes durante el sueño, mediante un ejercicio rítmico de los  músculos maseteros y temporales. La actividad muscular provoca una serie de contracciones forzadas de las mandíbulas superior e inferior, con fricción de las superficies de los dientes, que causa un ruido característico.

 

Produce un desgaste de las piezas dentales y alteraciones en la articulación temporomaxilar. Ello lleva a que los niños se quejen de dolor en las mandíbulas y sensibilidad en los dientes. El trastorno, a veces hace necesario colocar prótesis dentarias durante la noche.

 

La somniloquía consiste en hablar o emitir sonidos durante el sueño, en forma ligada con los ensueños. Pueden oírse sonidos ininteligibles o frases completas. Es frecuente que el niño no recuerde nada al día siguiente. En adolescentes es posible escuchar incluso verdaderos discursos, que despiertan a quienes duermen en la misma habitación, aunque raramente despierten a quien los emite. Se hacen más frecuentes cuando el niño tiene fiebre. No reconocen un tratamiento específico.

Recomendaciones

¿Cuál es la conducta más apropiada a asumir por los padres?

Ante cualquier trastorno del sueño los padres no deben perder el control, manteniendo la serenidad, reconociendo un trastorno, que siendo molesto, no es grave ni permanente.

 

¿El ambiente familiar puede contribuir a estos trastornos?

Se comprobó que las situaciones familiares de tensión emocional tienen gran influencia para la generación y mantenimiento de estas alteraciones.

 

¿Qué pueden hacer los padres para mejorar los trastornos de sueño del niño?

Deben tranquilizar al niño, y llevarlo nuevamente a la cama. Pueden mejorar la calidad de su sueño, mejorando hábitos y horarios, y eliminando factores que lo híper-estimulen o le causen tensión psicológica. Deben también adoptar medidas de seguridad para evitar accidentes.

 

Fuentes

  • E Estivill. Clínica del sueño Estivill. USP Instituto Universitario Dexeus, Barcelona.
  • E. Hernández .El sueño y sus trastornos en la infancia.
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