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¡Ay, qué estrés!

Tal vez esta es una de las frases más repetidas cada día; sin embargo, no todo es estrés ni todo el estrés es negativo. Aprende a conocer lo bueno de este estado y sácale provecho. Recoger a los niños en el colegio, llevarlos a clase de natación, manejar, tener que visitar a un cliente complicado, […]


Tal vez esta es una de las frases más repetidas cada día; sin embargo, no todo es estrés ni todo el estrés es negativo. Aprende a conocer lo bueno de este estado y sácale provecho.


Recoger a los niños en el colegio, llevarlos a clase de natación, manejar, tener que visitar a un cliente complicado, terminar un informe en el trabajo, correr la media maratón para la que me preparé durante cuatro meses, un dolorcito en el cuello que no me abandona desde hace dos semanas, ese gordito que no logro bajar…


Muchas de las tareas cotidianas que hacemos nos generan algo de tensión, no obstante, en la sociedad se ha vuelto costumbre magnificar esos estados y la frase “¡Ay, qué estrés!” se ha convertido casi en una muletilla para los seres humanos.


La palabra estrés es de uso reciente en nuestro idioma, proviene del latín stringere, “apretar”, y del inglés stress, “fatiga de material”, para definir la reacción del organismo al sortear una situación que representa amenaza. Según el evento a afrontar, el sistema nervioso simpático activa en el cuerpo la orden de luchar o huir.


Gran parte de los humanos percibimos el estrés como una amenaza, sin embargo, verlo como algo que nos obliga a adaptarnos a los vaivenes de la vida es la clave para que esa sensación de preocupación no nos supere.


Con la ayuda de la psicóloga Tatiana Vélez Restrepo te explicamos lo bueno y lo malo del estrés.


Lo bueno

Nos ayuda a reaccionar, a cumplir metas, a establecer prioridades, a lograr objetivos, a ser resilientes para salir adelante. 


Si se afronta como algo momentáneo, producido por un hecho concreto, nos permite conocernos, saber cómo reaccionamos ante ciertos estímulos. Nos entrena para perfeccionar el comportamiento frente a dichas situaciones.


Nos lleva a buscar actividades que nos compensen los momentos de tensión, como ejercicio, yoga, meditación, mindfulness, pilates, entre otras prácticas que cultivan el ser.


Alerta al cerebro para comprender, memorizar y actuar de una manera adecuada en situaciones en las que necesitamos almacenar información y tomar decisiones rápidas.


Activa nuestra creatividad, fortalece el carácter, estimula el sistema inmune del organismo (siempre y cuando no sea un estrés crónico sino moderado y ocasional).


Lo malo 

Se ha satanizado como algo negativo, que enferma y afecta al ser humano. Se debe a la baja tolerancia a la frustración ante las dificultades cotidianas de la vida diaria.


Pueden llevar a la persona a refugiarse en adicciones a sustancias nocivas para la salud como las drogas y el alcohol.


Si no se asimilan los momentos estresantes y estos se alargan en el tiempo, alteran el equilibrio integral del ser, agotando las reservas del organismo.

Puede producir alteraciones físicas, como insomnio o sueño permanente, fatiga, ritmo cardiaco acelerado, pérdida de apetito.


Si no se afronta de manera adecuada desencadena problemas psíquicos y psicológicos y deriva en trastornos de ansiedad y/o depresión.


LA CEBRA Y EL LEÓN


En psicología se emplea con frecuencia la historia de la cebra y el león, para explicar la respuesta fisiológica de los mamíferos en una situación de amenaza. Un león elige una presa, la cebra, e inicia su ataque. El sistema nervioso autónomo, que funciona involuntariamente, está conformado por otros dos sistemas: el simpático, que se activa en momentos de lucha –el león debe comer y persigue a su presa, y la cebra huye para preservar su vida–, y el parasimpático, que hace las demás funciones del organismo.


Como los sistemas se aceleran –suben las pulsaciones, se incrementa la respiración, el organismo se pone en alerta–, el sistema parasimpático se bloquea, pues ambos no pueden funcionar al mismo tiempo, entonces no siente hambre, se detiene la digestión, la reparación de estructuras dañadas. Al final, la cebra logra escapar a una muerte inminente y sus sistemas vuelven a la calma.


Entonces cabe la pregunta: ¿Es nocivo el estrés? Por sí solo no lo es. Por el contrario, es necesario para sobrevivir y reaccionar ante las situaciones apremiantes que se nos presentan a diario. 


Lo malo es quedarse atascado en el pensamiento “y si hubiera pasado”. La sobredosis de mente es la que nos puede llevar a un desequilibrio.

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